
El escritor de origen checo Milan Kundera falleció a los 94 años. Kundera fue un intelectual europeo, no tenía ni patria ni lengua, como él mismo decía: “Nací en Checoslovaquia. En 1975, me instalé en Francia, pero soy ciudadano del mundo”. El éxito de Kundera radicó en la creación de un mundo singular, una literatura culta y a la vez legible que combinaba el placer del relato, con la creación de nuevos mundos.
Para Milan Kundera lo verdaderamente importante fue su obra, libros como La broma, La insoportable levedad del ser, El libro de los amores ridículos, La vida está en otra parte o El Libro de la risa y el olvido, quedaron inscritos en la historia literaria. Junto a Mario Vargas Llosa, fue de los pocos autores que vio su obra publicada en La Pléiade, la colección de clásicos de Gallimard, un honor que muchos consideran igual al Premio Nobel.

La polémica estuvo presente en la vida de Kundera, sus críticos lo acusan de haber dado la espalda a sus compatriotas y disidentes tras su partida a Francia. Por otro lado, su editorial quiso mantener un control sobre su obra y por ello, destruyó manuscritos incompletos, cartas y diarios; cuenta su amiga Florence Noiville que en una visita le comentó: “¿Ves todo esto, de aquí hasta aquí? Todo será confeti”.
Al final de sus caminos y sus días se reconcilió con su país natal, donde le otorgaron el Premio Nacional de Literatura en 2008, en 2021 el Premio Kafka y tres años antes recuperó la nacionalidad checa que el régimen comunista le quitó tras su partida a Francia. Milan Kundera fue el heredero y reinventor de una tradición literaria, la gran novela europea de raíz cervantina.

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