Graciela Iturbide: Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025

Para Adriana Ceron, por la dicha de haberte conocido.

El arte de la fotografía, cuando alcanza su forma más esencial, no es tanto un ejercicio de captura como de revelación, no se trata de lo que se ve, sino de lo que se revela a través de la mirada. En este sentido, pocas artistas han comprendido y practicado la fotografía como un acto de introspección cultural, estética y espiritual como Graciela Iturbide, quien ha sido distinguida con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025.

Este reconocimiento consagra su trayectoria, pero también celebra una forma de mirar el mundo: una mirada que no domina ni toma, sino que espera, escucha y se deja afectar. La obra de Iturbide es, desde su origen, meditación sobre lo visible y lo invisible; búsqueda de sentido en los intersticios del paisaje, el cuerpo y el rito; es ética hecha fotografía. 

Graciela Iturbide fue asistente de Manuel Álvarez Bravo —quizás el más poético de los fotógrafos mexicanos—, pero pronto se alejó del documental para trazar su camino dentro de la fotografía. En sus obras no hay prisa, no hay ambición de novedad, lo que hay es tiempo, estética y mirada perfecta; para que el sujeto se manifieste, para que el contexto hable, para que el silencio diga más que las palabras.

En diferentes momentos, Iturbide declaró que a través de sus fotografías no busca «explicar a México”, sino simplemente mostrar su complejidad; por lo tanto, su obra no es panfletaria ni didáctica, sino contemplativa. Por mucho tiempo, la fotografía fue entendida como una huella del instante, pero la obra y universo de Iturbide, no es tanto evidencia de un hecho, es un acto de fe, un ritual de comunión con lo desconocido.

En la física se dice que: “El observador modifica lo observado», para Iturbide, es lo contrario, ella no impone su mirada, sino que se permite ser transformada por aquello que observa, dice: «Yo no busco la imagen. La imagen me encuentra». El trabajo de Graciela Iturbide tiene una raíz inconfundiblemente mexicana, una mezcla indígena, barroca y posrevolucionario, donde la muerte no es el fin, sino parte del ciclo vital.

El jurado del Premio Princesa de Asturias otorgó el galardón a Iturbide por: “La profundidad y humanidad con que retrata realidades complejas, y por su capacidad de situar lo local dentro de una dimensión universal”. En más de cinco décadas, Iturbide ha retratado la forma en que un país habita el mundo con profundidad, con lentitud y asombro; su obra invita a mirar con los ojos del corazón, como decía Cartier-Bresson.

El Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, no solo reconoce la maestría técnica ni el prestigio internacional de Graciela Iturbide, también reconoce la creencia de que ver es un acto de cuidado, de escuchar y enseñar a ver de otra manera, con la mente abierta y quizás no haya mayor mérito artístico que ese, fotografíar con la mente abierta como Graciela Iturbide.



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