En memoria de Jaime Sabines

Qué mejor marco para celebrar los cien años del natalicio de Jaime Sabines que la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. El impacto de Sabines en la cultura mexicana es indudable, de acuerdo con Javier Aranda, el uso de “lenguaje directo, cotidiano y crudo” convirtió a Sabines en el gran poeta de la experiencia cotidiana. Fue en 1950 que se publicó su primer libro Horal, en ese momento la obra pasó casi desapercibida, para finales del siglo XX Sabines ya era considerado uno de los grandes poetas mexicanos.
Sus libros se han traducido a múltiples idiomas, inglés, francés, italiano, árabe, entre otros. Las traducciones demuestran la universalidad de Jaime Sabines; para Javier Aranda, “Jaime Sabines es un poeta de la condición humana, y más más que poeta, Sabines se decía escribano de la vida, y como escribano exploró como pocos el dolor, la muerte, el amor; sus versos se distinguen por el estilo conversacional; porque para él la poesía era comunicación”.
A lo largo de su obra, Jaime Sabines nunca buscó agradar a los críticos, su intención era transmitir emociones a través de una forma sencilla, detrás de la cual se escondían experiencias humanas. Actualmente la UNAM tiene el permiso de la familia para editar las obras inéditas de Sabines y se espera que pronto se publique un poemario con todos los versos que quedaron escritos en las notas del poeta. Este homenaje, más allá de ser un evento melancólico, recordó y celebró a Jaime Sabines, tanto por su obra como su ímpetu por vivir, vivir, vivir.
Elena Garro, la voz excluida del boom latinoamericano

Una de las actividades más destacadas de la 47 Edición de la FIL del Palacio de Minería fue la presentación de una colección literaria para promover la obra de Elena Garro. Además, resulta urgente reconocer a Elena como una de las mejores escritoras de literatura mexicana, latinoamericana y universal. Es importante mencionar y reconocer que Elena Garro escribió realismo mágico mucho antes que Gabriel García Márquez; sin embargo, cuando se habla del boom latinoamericano, su nombre ni siquiera se menciona.
Durante la presentación del libro, en el marco de la FIL Palacio de Minería, el editor Omar Nieto explicó que la vida de la autora estuvo marcada por el machismo, tanto en su matrimonio como en los círculos literarios que frecuentaba. Estas condiciones provocaron que su obra fuera marginada y permaneciera a la sombra; en ese contexto Elena Garro publicó la obra La semana de colores, una colección de cuentos que hace referencia a los siete pecados capitales y presenta elementos tanto fantásticos como poéticos, el libro invita al lector a pensar en las estructuras patriarcales y violencia de ese entonces.
Nieto señaló que este proyecto, publicado por CCH Ediciones, representa un hito en la literatura mexicana porque su última reimpresión fue durante la década de los ochenta. También destacó que la edición solamente tendrá un tiraje de quinientos ejemplares que serán entregados a estudiantes de la institución académica. Por lo tanto, esta edición no es solamente un esfuerzo por reivindicar la obra de Elena Garro, sino también para que las nuevas generaciones puedan acceder a ella.
Entre memorias y nostalgias: diálogo con Gonzalo Celorio

La tarde cae sobre el Palacio de Minería, con esa luz dorada que convierte al recinto en un guardián de las letras. Fue el Auditorio Bernardo Quintana, donde la periodista Laura Barrera tomó el micrófono con la naturalidad de quien sabe que una buena conversación también es una forma de viaje; a lado de ella, el escritor Gonzalo Celorio aguardaba sonriente, dispuesto a recorrer, junto al público, los territorios de su memoria y su imaginación. Barrera hilvanó preguntas sobre la memoria, el deseo y la identidad, y el autor respondió con anécdotas que despertaron sonrisas cómplices entre los asistentes.
Durante poco más de una hora, se mencionaron obras como Tres lindas cubanas, novela donde los personajes son nostalgia, Celorio habló de la ciudad como un espacio donde el amor y la pérdida conviven con la música y el derrumbe. También se mencionó Y retiemble en sus centros la tierra, evocación entrañable de la vida universitaria y de la ciudad de México, donde la crónica y la ficción se entrelazan con ironía y afecto; Celorio confesó que escribirla fue un acto de gratitud hacia una generación marcada por entusiasmos y desencantos.
El público participó con preguntas que ampliaron la conversación: una persona quiso saber la diferencia entre Madrid y la Ciudad de México, a lo Celorio respondió que “Los madrileños tienen calle pero no casa y los mexicanos tenemos casa pero calle”, La sesión cerró entre aplausos largos y libros abiertos en busca de firma. Afuera, la noche ya se había instalado, pero dentro del recinto quedaba flotando la certeza de que “las palabras cuando se dicen con pasión también hacen temblar la tierra”.

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